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POESÍA Y MEMORIA
Categories: Retórica

En un banquete en casa de un honorable de Tesalia llamado Scopas, el poeta Simónides de Ceos recitó un poema en honor de su anfitrión. El poema cantaba lo típico: la generosidad de Scopas, la hospitalidad de su casa, la belleza de su señora, etc. Sin embargo, Simónides añadió unas estrofas en honor a Cástor y Pólux. Un poco picado, Scopas le dijo que, ya que debía compartir la gloria con los gemelos sagrados, era justo que también compartiera los gastos: Simonides recibiría sólo la mitad de lo acordado y no había más que hablar. Poco más tarde, un criado anunció que dos hombres jóvenes querían hablar con el poeta y Simonides salió al jardín.

Cuando llegó, la inesperada visita se había esfumado pero, al volver, Simonides se encontró que el techo del palacio se había desplomado sobre los invitados, matando a todos en el acto. Los misteriosos jóvenes -Castor y Polux in disguise- habían pagado su mitad salvando al poeta de una muerte segura.

Los cuerpos estaban tan desmigajados que los familiares no encontraban la manera de distinguirlos para darles sepultura. Por suerte, Simonides pudo identificarlos uno por uno, recordando las posiciones en las que estaban sentados. Cicerón cuenta en su De oratore que, en ese preciso instante, nació el Arte de la Memoria, una disciplina prácticamente olvidada, pero que tuvo un lugar privilegiado en los orígenes de la cultura occidental.
Simonides se dio cuenta de que la memoria y el espacio estaban fuertemente relacionados y concluyó que cualquier persona podría desarrollar su memoria aprendiendo a formar imágenes mentales de lo que quisiera recordar y colocándolas en un espacio arquitectónico, imaginario o real, de manera que su posición en dicho espacio marcaría el orden de los objetos y los objetos, los conceptos asociados a ellos, del mismo modo que se usaban las tablillas de cera y las palabras grabadas en ellas. (La Petite Claudine)

Es curioso que el legado de Simónides de Ceos consista en tres elementos aparentemente desvinculados entre sí:

a) Fue el primer poeta en exigir remuneración (es decir, el primero que se tomó la poesía como oficio)

b) Fue el primero en decir que la poesía es pintura que habla y la pintura poesía muda (tópico cuyo origen se atribuye erróneamente a Horacio con su Ut pictura poiesis), es decir, Simónides de Ceos es, si no el padre de la imagen poética como tal, si el que le da un cuerpo teórico por primera vez.

c) Es considerado el padre del Arte de la Memoria con su invención de la técnica de los Loci o Palacios de la memoria.

He dicho que están aparentemente desvinculados, pero si uno mira más allá de la superficie uno descubre que están íntimamente articulados por una idea que podría enunciarse en la siguiente frase: El oficio de poeta consiste en hallar imágenes (pintura que habla) que podemos almacenar con facilidad en la memoria.

La imagen poética

Nos dice Bousoño que la poesía utiliza la lengua de un modo distinto a su uso común: El lenguaje nos proporciona universales, pero no experiencias particulares y concretas, como lo hacen nuestros sentidos.

Cuando Pedro ha dicho: “vaca”, ha intuido, en efecto, una vaca, por ejemplo, negra, y yo, al escucharle, he intuido otra, por ejemplo, blanca. Mas aunque yo tengo en mi psique una intuición y no un concepto, no hago caso, desprecio y tacho el aspecto intuitivo de mi representación, y sólo tomo en serio, sólo hago mío y me responsabilizo de su núcleo conceptual. ¿Por qué? Sencillamente porque sé que lo que hay, en este caso, de intuición en mí es sólo un mero aparato, un medio de  que no tengo más remedio que valerme para poder entender lo que en verdad se me comunica, que es el concepto (Bousoño, Teoría de la Expresión poética).

Dicho de otro modo: no concedemos ninguna credibilidad a las intuiciones que nos representamos cuando nos comunican  un concepto.

La poesía, en cambio, hace un uso distinto del lenguaje. Según Bousoño, el objetivo del poeta es comunicarnos no el concepto de vaca, sino la imagen mental de la vaca que él se ha formado. De modo que, esta vez si que concederemos credibilidad a la imagen mental que nos formemos de la vaca. La cosa es un poco más complicada que enunciar los matices: si Pedro nos dice “vaca negra” sabremos el color de la vaca, pero aún así, no sabremos si los cuernos son largos, o si se trata de una vaca grande o pequeña. Por tanto, nuestra imagen mental tendrá tan poca credibilidad como la anterior. Para complicar más el asunto, la visión de la vaca que nos formemos puede resultarnos triste  y melancólica o, por el contrario, puede provocar en nosotros una sensación de alegría por sugerirnos la grandeza e inocencia de la naturaleza. El problema de la imagen es que tiene infinitos matices que se nos presentan de forma unitaria, y no uno a uno. Así pues el poeta debe encontrar una forma de revelarnos esa imagen, con todos sus matices, sabiendo que si se tuvieran que enumerar no acabaríamos nunca. El uso poético del lenguaje logra esa finalidad empleando una serie de técnicas que sustituyen un enunciado normal como “vaca negra” por un enunciado poético “vaca como una sombra” . Con el primer enunciado, Pedro ha tenido la visión unitaria de una vaca negra. El cielo está nublado y el paisaje tiene un aire de melancolía, por lo que en esa visión unitaria se incluye también un cierto grado de tristeza. Sin embargo, cuando Pedro trata de describirnos lo que vio se encuentra con que la lengua no le permite transmitir esa percepción unitaria de la escena. “Vaca negra” nos hace imaginar una vaca de color negro, pero eso no nos transmite sensación alguna (y si lo hace, no tiene por qué ser la de Pedro, así que no nos ofrece credibilidad alguna. Aún en el caso de que Pedro nos diga: “vi una vaca negra y me puse triste”, en el fondo seguimos encontrándonos con el mismo problema, pues desconocemos el carácter de esa tristeza y, como mucho, lograremos imaginar a Pedro triste mirando a una vaca negra. Pero la tristeza o alegría que nos pueda producir tal visión no tendrá nada que ver con la percepción que Pedro trataba de transmitirnos.

En cambio, el poeta nos dice “una vaca como una sombra” Tanto él como nosotros sabemos que las vacas no son como sombras. Para empezar, una sombra es inmaterial y las vacas están hechas de materia. Además, cuando interponemos algo ante una fuente de luz, no obtenemos una vaca. El único elemento que pueden tener en común las vacas y las sombras es el color negro. De este modo, el poeta nos ha comunicado el color de la vaca, pero ha hecho algo más que eso: ha aprovechado la carga emocional de la palabra sombra para darnos a entender que su percepción de la vaca ha sido triste. Como nosotros sabemos que es absurdo decir literalmente que una vaca es como una sombra, entendemos que no nos habla de la vaca, sino de su imagen de ella. Y precisamente por eso, esta vez si que concederemos credibilidad a nuestra imagen de la vaca, pues sabemos que eso era lo que nos describía el poeta.

CONTINÚA EN POESÍA Y MEMORIA 2: INFORMACIÓN Y ELECCIÓN

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