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Poesía y Memoria 4: Patrones y Variaciones

Una plantilla es una forma de dispositivo que proporciona una separación entre la forma o estructura y el contenido. Es un medio o un aparato que permite guiar, portar o construir un diseño o esquema predefinido.

Una plantilla agiliza el trabajo de reproducción de muchas copias idénticas o casi idénticas (que no tiene que ser tan elaborado, sofisticado o personal). Si se quiere un trabajo más refinado, más creativo, la plantilla no es sino un punto de partida, un ejemplo, una idea aproximada de lo que se quiere hacer, o parte.

Las plantillas, como norma general, pueden ser utilizadas por personas o por sistemas automatizados. Se utilizan plantillas en todos los terrenos de la industria y la tecnología. Una plantilla puede servir como muestra base de una diversidad sobre la que comparten elementos comunes (patrón) y que en sí es lo que constituye la plantilla.(Wikipedia).

Los patrones se utilizan para la reproducción de copias o variaciones. En ambos casos, podríamos decir que un patrón es físicamente memoria. Ahora bien, para que esa memoria de lugar a un recuerdo (la copia) debe ser aplicada. El molde no crea (o recrea) nada si nadie lo llena de cera. Memoria y repetición son vasos comunicantes y a veces no sabemos siquiera distinguir una de otra. ¿Toda repetición implica memoria, o también azar?, ¿Toda memoria implica repetición?, ¿Toda repetición requiere de un original y sus copias?, ¿Qué diferencia hay entre copia y variación?. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?.

Filosóficamente este asunto queda encubierto ya por los primeros filósofos griegos, en especial por Platón y Aristóteles, cuya pregunta por el Ser disimula los ecos y simpatías con ciertos remanentes de la antigua sofística. Si la filosofía se basa en la búsqueda de la Verdad, esa Verdad no puede encontrarse en la memoria (si puede encontrarse en ella una verdad con minúsculas, como decían los sofistas. Pero no con mayúsculas). Así que Platón sitúa el original en una Realidad (también con mayúscula) que se saca de la manga, y la copia de esa Realidad en nuestra memoria. Al problema de por qué entonces tenemos que conocer el mundo cuya copia, se supone, está en nuestra cabeza, Platón responde con su teoría de la Reminiscencia, según la cual, cuando conocemos algo, lo que hacemos en realidad es reconocerlo, pues cuando vemos por primera vez una mesa, hacemos que nuestra memoria recuerde el concepto de mesa. Conocer el mundo, para Platón, es recordarlo. Pero esa conclusión se parece peligrosamente a las ideas de los sofistas, así que Aristóteles la retoca de tal modo que queda prácticamente irreconocible: Primero elimina los dos mundos paralelos (memoria y realidad) que había creado Platón y se queda con uno: la realidad. Descartes le pedirá cuentas casi dosmil años después. En esa realidad, Aristóteles restablece la idea de copia y patrón: Todas las cosas tienen una forma y una materia que adopta esa forma. La forma es el patrón, la Idea. La materia, una vez aplicado el molde de la idea sobre ellas, da lugar a copias. Así que la madera de una mesa, una vez adoptada su forma de mesa, da lugar a una copia de la Idea original de mesa. Y esa Idea, como la mesa misma, se encuentra tambien en la realidad, y no en nuestra memoria. Así que ya está: le hemos dado la vuelta al calcetín y lo que antes estaba en nuestra memoria ahora es real. ¿Y qué es real y qué no lo es?. ¿qué es ser real?, ¿qué es Ser?. Ay, amigo Sancho. Con la Iglesia hemos topado. Mejor abandonemos aquí a los filósofos, porque a partir de esa pregunta se enzarzan en discusiones que no vienen al caso. Pero antes una pequeña digresión. ¿Por qué tuvieron tanta resonancia las reflexiones de Aristóteles y la de sus maestros Sócrates y Platón? Todo el mundo entiende perfectamente que el Cristianismo no sería más que una secta del judaísmo si no hubiese sido adoptada como religión oficial por el Imperio Romano. Pero nadie parece hacer el evidente paralelismo al reparar en que Aristóteles fue el instructor de Alejandro Magno, nada menos que el hombre que había conquistado más de medio mundo a los 33 años. Si yo a mis 33 hubiese conquistado lo mismo que Alejandro, también le hubiese dicho al mundo que mi profe era la caña (vamos, digo yo. Es una posibilidad que aventuro, pero por la que no me voy a pelear).

Vemos pues que la creación de patrones, copias y variaciones llega a la filosofía a través de los sofistas, y en concreto del Arte de la Memoria que estos dominaban. Sin la idea de patrón y variación no habría sido posible la invención de la escritura, ni la del molde (así que no tendríamos letra ni imprenta). Yo sospecho que debió de adquirir una importancia preponderante con el descubrimiento de los metales y su fundición, hacia el III milenio a.C. La habilidad de hacer que la Naturaleza recuerde ciertas formas y, más tarde, recuerde incluso acciones (mecanismos) debió de dar a aquellos hombres una infinita sensación de poder sobre el espacio y el tiempo. Y debió dar también nuevo aliento al Arte de la Memoria, que en su desarrollo posterior incorporó esta idea de original y copia en su propia práctica. Es por ello que en la mayoría de los mecanismos de memoria que hemos inventado, desde las más triviales reglas mnemotécnicas a las memorias portátiles USB, la idea de original y copia vertebra el proceso de memoria hasta tal punto que hemos llegado a considerarla consustancial a la memoria misma. Sería interesante un estudio antropológico acerca del funcionamiento de la memoria en ciertas tribus que no conozcan la fundición de los metales (o la idea que éstas tienen acerca de tal funcionamiento).

Lo que produce un original, tras ser convertido en patrón (lo que los griegos llamaron Canon) son copias o variaciones. La copia tiene un valor estático. La copia de una copia guarda la misma relación que ésta con el original, y así hasta el infinito. Las copias son monótonas. Sin embargo, las variaciones no solo rompen con la monotonía con respecto al original, sino que pueden incluso llegar a emanciparse de éste constituyendo en sí mismas un nuevo original de referencia. Platón y Aristóteles toman en consideración la copia, pero no la variación, porque las relaciones de ésta con el original son tan complejas que desestabilizarían completamente la estática armonía de su mundo Ideal. La variación es el fundamento de la improvisación, que los griegos advocaban bajo el patronazgo de Dionisos, el dios de la embriaguez, mientras que Apolo regía sobre las formas ordenadas y arregladas con respecto a los cánones. Se sabe (y las reflexiones que Nietzsche hizo a este respecto fueron cruciales en la quiebra de todo el edificio filosófico occidental) que lo apolineo y lo dionisíaco constituyeron dos formas distintas de entender la realidad en la antiguedad, y los filósofos socráticos eran claros partidarios de lo apolineo. Ni la improvisación ni la variación iban con ellos. Se interesaron inexplicablemente por el patrón, y nada más que por el patrón, despreciando por completo las coloridas variaciones a las que éste podía dar lugar. Y de pronto, sin que nadie lo esperara, Platón escribe su República y, en ella, expulsa de su sociedad ideal a los poetas. ¿Qué han hecho para que Platón se ponga así?. Algunos, con malicia, han insinuado que el mismo Platón era un poeta frustrado y con este gesto se desquitaba de sus fracasos. Habladurías aparte, está claro que Platón ve una amenaza en los poetas. ¿Acaso los expulsa porque le miran con la misma sonrisilla con la que Aristófanes miraba a Sócrates?, ¿Acaso se sonríen porque conocen sus tretas y saben lo que se trae entre manos?, ¿Quién si no ellos iban a descubrir que lo que estaba haciendo se limitaba a un mero juego de palabras, a sustantivar ciertos verbos que no debían ser sustantivados? Como si fuera un capo de la mafia, debía hacerlos desaparecer. Y esa es la fantasía que cumple en su Republica. Aristóteles es más sutíl. Fiel al adagio si no puedes con tu enemigo, únete a él, escribe un tratado de Retórica y una Poética. Con solo esos dos libros envenena las aguas del río, y todos los tratadistas posteriores quedan contaminados con sus ideas filosóficas. Aristóteles emponzoña literalmente la retórica, que acabará muriendo de ese envenenamiento tras una larga agonía. Aún hoy, creo yo, y seguramente por siempre, resulta imposible reconstruír las ideas de los antiguos sofistas sin tener que recurrir a Aristóteles. Él es el verdadero amo y señor de las ideas, como lo fue Alejandro de la materia que se extendía a lo largo y ancho de todo occidente y parte del lejano oriente. Pretender salvar ese obstáculo es pecar de ingenuidad. A pesar de ello, trataré de imaginar cómo pensaron aquellos sofistas la idea de patrón y variación como si Aristóteles jamás hubiera existido. La credibilidad de las conclusiones a las que llegue dependerán por entero, y serán reflejo,  de la simpatía que el lector sienta por mi.

Copia y Variación

La relación entre patrón y copia es de igualdad. La relación entre patrón y variación, de desigualdad. ¿Cómo sabemos entonces que la variación se corresponde a un determinado patrón?. Este problema entronca con el Argumento del Tercer Hombre y el más contemporaneo problema de la semiosis ilimitada. El primero se da en relación a la realidad y su forma, el segundo en relación al signo y su significado. De algún modo que ni aún los filósofos han sabido explicar (Wittgenstein lo convierte en un maravilloso trabalenguas cuando dice: la figura no puede figurar su forma de figuración: la ostenta. A la altura, para mi, de los mejores versos de Homero) sabemos relacionar las copias con sus patrones y, más sorprendente aún, las variaciones también. De hecho, en virtud de la Identidad de los indiscernibles, en el fondo no existe diferencia cualitativa alguna entre copia y variación. Desde un punto de vista menos estricto, la copia se distingue de la variación en el hecho de que la segunda es menos monótona. De algún modo puede crear novedades, mientras que la mera copia es estéril. Para que el mundo crezca se necesitan copias, para que evolucione, variaciones. Así hemos visto que trabaja también nuestro ADN, que no es más que nuestra memoria genética. Memoria, repetición y creación parecen las tres parcas que rigen nuestro destino, pero en vez de eso, los griegos colocan a las musas a su custodia, cuyo parentesco etimológico con la música es más que evidente. Será la música la encargada de custodiar la memoria, la música de las palabras y su repetición, cantada por los poetas, como lo fueron los ritos y los sacerdotes en tiempos anteriores. Pero a partir de Simónides los poetas se profesionalizan y su función en la sociedad cambia. Enseñan su oficio, convirtiéndose en oradores, y de ellos aprenden los ciudadanos a hacer política, a transformar la polis a través de la palabra, como Pericles demostró que se podía hacer. Se escribieron los primeros tratados de retórica, intentando enseñar a hablar de forma eficaz en los juicios y en el senado (no en el ágora). Pero esos tratados no iban destinados a comprender la naturaleza misma del arte que enseñaban. Mucha información quedaba sobreentendida. Con el Arte de la Memoria ocurre una paradoja histórica, cuanta más información escrita nos deja una época, peor conocen el arte de la memoria y por eso necesitan de la escritura. Es por eso que, en el fondo, sobre el Arte de la Memoria sólo escriben aquellos que no lo conocen. Los que sí lo conocen lo enseñan a sus discípulos de tal modo que éstos ya no lo olvidan. De ahí todos los reparos que aún Sócrates y Platón ponían a dejar sus enseñanzas por escrito. Para ellos la mejor forma de enseñanza era aún la transmisión oral. Para los griegos, sin palabras (logos) no hay polis, pero sin memoria no hay palabras. La primera operación de la retórica, la Inventio, aquella en la que el orador busca la materia de su discurso, pone en marcha toda una serie de dispositivos para buscar en la memoria, no en la realidad. Estos dispositivos adoptan nueva forma en la Dispositio, en la que la materia encontrada va adopta (o se adapta a) uun género de discurso concreto. Finalmente, en la Elocutio, esa materia se convierte en una variacion más, distinta de todas las variaciones de ese mismo género discursivo. La música barroca recurriría a los tratados de retórica para inventar la más poderosa maquinaria de improvisación y variación musical que jamás haya conocido nuestra cultura. La historia de las variaciones se rastrean en todas las disciplinas imaginables: en matemáticas aparecen bajo la forma de funciones, en pedagogía la repetición y la copia son necesarias antes de aventurarse con variaciones, la economía capitalista se ha basado siempre en la copia a gran escala (y siempre ha estado a la sombra de la metalurgia) y la sanción de la variación. La informática misma se fundamenta sobre la idea de repeticiones y variación de código (sobre todo el movimiento del Software Libre, cuyo portavoz Richard Stallman ha llegado a conclusiones verdaderamente profundas que constituyen, a mi modo de ver, una de las mayores aportaciones hechas a la cultura occidental en la segunda mitad del sXX).

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Lo que dice Richard Stallman, en esencia, es que cuando compras un programa (un patrón) debes tener la libertad de 1.-estudiarlo, 2.- realizar copias y  3.- realizar variaciones sobre él. Es decir: se puede ejercer la propiedad sobre las cosas, pero no se debe ejercer bajo ningún concepto sobre la memoria. Cuando compramos un ordenador compramos una memoria artificial. El software privativo nos prohibe utilizarla de un modo determinado. ¿Por qué, si al comprar el ordenador y el software ambos son de mi propiedad? Las empresas de software privativo aprovechan las leyes que protegen su propiedad sobre las cosas para extender esa propiedad sobre los procesos de memoria que cualquier individuo debería poder ejercer libremente.

La mayoría de los desacuerdos legales que se producen hoy en día acerca de los derechos de autoría se basan en una concepción confusa del papel que patrón, copia y variación ejercen en la creación de un producto cultural. Los editores y los distribuidores sólo atienden a la cuestión mecánica (una imprenta -patrón- que es mía crea miles de copias por las que tengo derecho a cobrar, dicen). Sin embargo, eso no son derechos de autor. ¿Sobre qué patrón actúan los derechos de autor?, ¿Sobre la idea?. Conscientes de que ni Platón ni Aristóteles habían sido capaces de resolver el asunto de la realidad de la idea, los legisladores tuvieron que buscarse otro camino. La ambiguüdad del patrón sobre el que se aplican los derechos de autor es la principal causa del desacuerdo y la sensación de injusticia que sienten hoy día los usuarios de productos culturales. Será bueno, por tanto, examinar detenidamente qué es copia y qué es patrón según la retórica, antes de que Platón alterara la natural convivencia de estos conceptos.

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