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apuntes del natural
La ironía como figura
(Sobre Ironía 1)
Categories: Retórica

No es muy osado convenir en que la ironía es un tropo, así que será bueno empezar por aquí. Lo primero de todo será, por tanto, dedicar unas palabras a los tropos en general.
Un tropo es una figura retórica, y como tal se corresponde perfectamente con lo que de la figura se dice en el Tractatus de Wittgenstein, por tanto, resultará difícil figurar su relación con la realidad, es decir, su forma de figuración (2.17), pues “la figura no puede figurar su forma de figuración: la ostenta.”(2.173). Esta ostentación se da en el acto mismo de figurar.

∃A ∣ ( A^a )↔( ‘A’^ ¬a )
∃A ∣ ( A→ a )↔( ‘A’→  ¬a )

Para Wittgenstein la figura es siempre una figura lógica, por tanto, la ironía será reductible a una fórmula lógico matemática. Algo así como ∃A ∣ ( A→ a )↔( ‘A’→  ¬a ). El enunciado irónico A, por tanto, solo es irónico una vez enunciado. Antes de eso (en un mundo de las ideas platónico, por ejemplo) no existe tal ironía. Por tanto, la ironía es ajena a la proposición, y solo se da en el enunciado. Esto no ocurre en el oxímoron, donde el contraste “irónico” se da en la proposición misma. “Se quieren como el perro y el gato”, por ejemplo, es una forma de decir “se odian”, pero al proponerlo tiene el mismo significado que al enunciarlo.
Lo que distingue el oxímoron de la ironía (así como de la paradoja, la tautología y la contradicción) es que es la autoalusión de los últimos. De esto se hablará más adelante.
La forma fundamental de la ironía, como se ha visto, es una inversión. Esta inversión, sin embargo, no se da solo en ella, sino en toda una serie de figuras concomitantes. Lo que entendemos normalmente por ironía, un tropo lingüístico, no es más que un caso particular de algo que sobrepasa los límites del lenguaje.
Afortunadamente, esto se aprecia mucho mejor en la ironía que en otros tropos como, por ejemplo, la metáfora, porque si bien ésta se entiende por si misma, la ironía requiere de la vivencia irónica para ser entendida. Hay que ser irónico para entender la ironía. Por tanto, se hace evidente muy pronto que la ironía es una vivencia antes que un tropo.
Es en esta vivencia donde se produce esa figuración de la figura de la que habla Wittgenstein, y por tanto, es esta vivencia la ostentación de la que habla (en el caso de la ironía, la ostentación aparece muchas veces en forma de risa).
Esta ostentación está entonces en el terreno de lo místico, cuya manifestación es mostrarse, y no ser pensado (o dicho). Pero del mismo modo que los místicos trataban de hablar de la nada yo ignoraré la proposición 7 del Tractatus para poder hablar de la ironía.
Si la vivencia irónica es una actitud ante el mundo, el tropo irónico es una actitud ante los conceptos. Por tanto, aunque el tropo es un empobrecimiento en el significado general de la ironía, no será ilegítimo comenzar el estudio por él. ¿En que consiste esta actitud?. Se observa claramente que se trata de una inversión del significado entre lo hablado y lo pensado. A y ‘A’ no son la misma cosa. Esto, naturalmente, es admitido por la lógica matemática: caballo es un animal y ‘caballo’ una palabra; pero en el lenguaje natural no siempre se tiene clara esa distinción. Esto es más comprensible desde la óptica de los cuatro tropos sostenida por Vico, o Hyden White. Éstos hablan de cuatro tropos a los que se reduce cualquier narración: Metáfora, sinécdoque, metonimia e ironía. Aún es posible reducir más:

“Según Ignacio Matte Blanco, la lógica del soñador y la del esquizofrénico -la del subconsciente- está basada en dos reglas:>> a) Una cosa es equivalente a su clase y cada clase es equivalente a una clase más amplia. Esto es una formulación de lo que puede llamase el enfoque de los arquetipos.
>>b) Cualquier relación coincide con su contario, con el cual forma una pareja simétrica. De modo que cada relación se refleja en lo opuesto como en un espejo, y la lógica simétrica reemplaza a la binaria. La venganza, la represalia y la justicia conmutativa responde a esta lógica…” (Zolla, E. Los Arquetipos).

Como se ha visto antes en el caso de la ironía, el tropo no es más que la abstracción de una actitud humana. Estos cuatro tropos, como dice Zolla por boca del tal Matte Blanco, se reducen a dos, y la diferencia entre ambos sería precisamente que, mientras que para la ironía A y ‘A’ son cosas distintas, son lo mismo para la metáfora, la sinécdoque y la metonimia.

Lo simbólico y lo diabólico


De los dos tropos principales: la metáfora y la ironía, el primero se corresponde a la perfección con la definición que da Eugenio Trias de lo simbólico: Símbolo deriva de la palabra griega σιμβαλλειν que, a su vez, deriva de συμ (=a la vez) y βαλλειν (=arrojar). Este arrojar sincrónicamente se contrapone a un arrojar diacrónicamente, διαβαλλειν, que, por analogía a la formación del término “simbólico”, formaría el término “diabólico”.
Para Trías, lo simbólico es aquello que une lo decible con lo místico, superando la cesura que existe entre ambos mundos. Lo diabólico, en cambio, es lo que muestra esa cesura. Lo simbólico supera la cesura, pero ocultándola. Se puede decir que todo símbolo es en realidad una elipsis del límite entre el mundo y el concepto. Por eso es condición de posibilidad de todo símbolo la no figuración de su forma de figuración, es decir, la ocultación de lo diabólico.
Podría parecer forzado el equiparar la ironía a lo diabólico, pues no se ve relación alguna con el acto de arrojar, y mucho menos con la simultaneidad o la diacronía, es decir: con el tiempo. Esto ocurre porque para hacer una arqueología de lo irónico se encuentra uno con un umbral difícil de superar: el iluminismo dieciochesco. Hasta tal punto se vuelve opaca toda forma de ironía anterior, que se da por hecho que la ironía en las artes nace (o es redescubierta tras un largo periodo de letargo) por los románticos. Al contrario, en el estudio de Bajtin sobre Rabelais, se muestra como en la Edad Media existían vivencias que prefiguraban la ironía, tal y como hoy es entendida. Estas vivencias carnavalescas eran, más que pobres esbozos, formas mucho más ricas que el simple tropo, en las que se entrelazaban todas estas ideas: tanto lo diabólico en el aspecto hoy entendido (lo infernal) como su relación con lo temporal. En esta forma previa de la ironía actual: lo grotesco, se desata toda la capacidad de ostentación de lo diabólico.
Para Rabelais lo grotesco es un fenómeno estrechamente relacionado desde (y sobre todo en) sus inicios con la temporalidad. La concepción grotesca del mundo responde a la concepción cíclica:

“En los periodos iniciales o arcaicos del grotesco, el tiempo aparece como una yuxtaposición de las dos fases del desarrollo: principio y fin, invierno y primavera, muerte y nacimiento [...] La noción implícita del tiempo contenida en estas antiquísimas imágenes es la noción del tiempo cíclico” (Bajtin, M. “La cultura popular en la Edad Media y el renacimiento”).

El grotesco toma momentos distintos de este ciclo (diacrónicos) y los une en una sola imagen. Por eso los momentos de cambio en el ciclo (solsticios y equinoccios) son idóneos para la imaginería grotesca, dando la fiesta de Año Nuevo en culturas arcaicas o el carnaval en la Edad Media. En estas fechas la imagen paradójica de lo grotesco se produce sola en la naturaleza.
Se vislumbra, con esto, que la metáfora es una abstracción del gesto de simbolizar y la ironía lo es del gesto diabólico. Así como lo grotesco toma dos momentos distintos del ciclo (ascendente y descendente) y los une en una sola imagen, en el acto simbólico se toman dos imágenes correspondientes siempre al mismo momento, es decir, intercambiables la una por la otra.

Continúa en Autoalusión (Sobre Ironía 2)

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