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La Quadripartita Ratio y el mito de la caverna
Categories: Historia, Retórica

Cogito ergo sum?

Si nos preguntaran ¿qué es un hombre?, una abrumadora mayoría de personas respondería: un animal racional puesto que, a diferencia de los demás animales, los hombres piensan. Pero si acto seguido preguntaran: ¿y qué es pensar?, seguramente se produciría un incómodo silencio que, por sí mismo, ya pondría en tela de juicio la respuesta a la primera pregunta. Y es que pensamiento, razón e inteligencia son cosas cuya sinonimia todos aceptamos aun siendo incapaces de definir cada una de ellas con exactitud. Nos va nuestra propia definición en ello (los cartesianos se juegan incluso la existencia).

Los términos inteligencia y razón nos llegan de los escolásticos medievales que tradujeron a Aristóteles. Donde él ponía νοῦς (Nous) ellos ponían intellectus, y donde él ponía διάνοια (dianoia), ellos Ratio. Pero tampoco Aristóteles fue el primero en usar estos términos, sino que los heredó de una tradicicón que venía de los mismísimos Homero y Hesiodo y que entroncaba directamente con la invocación a las musas.

νοῦς - intellectus - inteligencia

Homero y Hesiodo se refieren a ella como una inteligencia contemplativa y Platón como la intuición de las formas ideales. Parece una inteligencia ligada a los sentidos y, en especial, al de la vista:

[...]un conocer no pensante, sino mirante. No corresponde a la ratio, a la felicidad del pensar silogístico y demostrativo, sino al intellectus, a la potencia de la simple mirada. Mirar es la forma perfecta del conocer sin más ni más. Pues mirar es el conocimiento de aquello que está presente y actual, exactamente igual que el ver sensible. (Josef Pieper, Contemplar el mundo y admirarse)

Recuerda a la operación de la musa Μελέτη (Meditación) que consistía en la impresión de imágenes en la memoria. Sin embargo, Aristóteles matiza este significado a su manera, dando a entender que el νοῦς es la facultad de nuestra mente para leer dentro de las cosas. De ahí que los escolásticos la tradujeran por Intellectus (inter=dentro, lectus=leer).

διάνοια – Ratio, rationis - Razón

Se trata de una palabra compuesta de διά- (a través de) y νοια (derivada de νοῦς). Por tanto, significaría algo así como a través de la inteligencia, es decir, moverse a través de las imágenes del νοῦς, lo que se corresponde con las funciones de las dos musas restantes: Μνήμη (Memoria), encargada de crear lugares en los que reposan las imágenes, y Ἀοιδή (Canto), que se desplaza por los lugares recuperando las palabras guardadas en las imágenes.

Homero no emplea la palabra διάνοια, pero la encontramos ya en Heródoto entendida como intención, propósito. Platón y Aristóteles la interpretan como un proceso del pensamiento o, directamente, como un pensamiento expresado por medio de palabras. Y en la Poética de Aristóteles aparece con un significado muy específico: una capacidad intelectual revelada por el discurso o la acción de un personaje. Razón y lenguaje quedan desde entonces indisolublemente unidos.

Sin embargo, cuando los escolásticos latinos traducen διάνοια por ratio añaden una serie de connotaciones que no estaban en la palabra griega y, de este modo, preludian toda la moderna concepción de la Razón. La palabra ratio ya había sido utilizada por Cicerón en varias de sus obras, así como por César en su Guerra de las Galias y otros ilustres autores del Imperio tardío como Quintiliano. Todos ellos la emplearon con un sentido parecido: recuento, cómputo o cálculo. Así pues, cuando los escolásticos traducían a Aristóteles en la Edad Media consideraban que tanto el uso del lenguaje como del cálculo de cantidades y proporciones eran una misma cosa: la ratio. De hecho, contar significa aún en español tanto narrar (contar un cuento) como hallar las cantidades (contar hasta diez, hacer las cuentas).

El mito de la caverna

Si el hombre es un animal racional, se entiende que empezó a ser hombre cuando empezó a utilizar la razón, es decir, a narrar y a calcular. Y si hemos de fiarnos de la etimología común que hallan en la palabra razón, debemos suponer que ambas cosas eran, en un principio, una misma actividad. Pero ¿qué actividad era esa?

Imaginemos una caverna en la que un grupo de simios se refugia de la lluvia. Ya han aprendido a hacer fuego y permanecen al calor de una hoguera, despiojándose y mirando las musarañas mientras las llamas proyectan sombras sobre las paredes rocosas. Uno de los simios, al que llamaremos Hombruno por sus anchas espaldas, se sobresalta cuando la sombra proyectada por uno de los salientes de la pared le recuerda la cabeza de un león. Sobresaltado, alerta con sus gritos a los otros primates, que se levantan de golpe haciendo aspavientos, pero por más que miran no ven dónde está el peligro. Miran a Hombruno como si se hubiera vuelto loco y éste, armado con un tronco ardiendo, se acerca temeroso al saliente. Al iluminarlo con la tea, la cabeza del león desaparece. ¿Cómo hacer comprender a sus congéneres que el león estaba ahí?

Mientras los demás vuelven a acostarse, Hombruno se queda atónito, mirando la roca desnuda. Una corriente de aire apaga su antorcha y, de nuevo, el rostro de un león aparece en la sombra proyectada por la hoguera. Y entonces ese simio mira el leño que sostiene, aún humeante en la mano, y mancha de carbón la parte de la roca que queda sombreada por el fuego. Él no lo sabe, pero en ese momento está inventando muchas cosas: los rudimentos del dibujo, la pintura, la impresión y todas las artes figurativas; y en cierto modo ni la escritura, ni la imprenta ni todo lo que se deriva de ellas hubiera sido posible sin él. Pero el mayor descubrimiento lo hace a la mañana siguiente cuando se despierta asustado por el griterío de sus compañeros, que señalan aterrorizados a la pared rocosa. Nuestro simio descubre entonces, a plena luz del sol, que ha hecho posible que una roca represente al león, es decir, que todos sus congéneres, incluso miles de años después, recordaremos un león cuando miremos esa roca. Ha inventado la memoria artificial, y eso cambiará el curso de la historia.

Los hombres que pintaron en la roca de las cavernas de Chauvet hace 30.000 años ya habían hecho ese descubrimiento y lo habían convertido en una técnica que dominaban con un altísimo grado de perfección. Esa técnica es la antepasada de lo que hoy conocemos como razón, y que miles de años después sería bautizada por Dioniso de Halicarnaso como Quadripartita Ratio. Consiste en alterar la imagen de una cosa hasta darle la forma de otra cosa y está claramente emparentada con la técnica de fabricar utensilios, que consiste en alterar la forma de una cosa hasta convertirla en otra cosa. Quedan, con estas dos aplicaciones de la Quadripartita Ratio, establecidos los principios de los procesos de copia y variación con los que trabajarán tanto la razón humana como la inteligencia artificial.

La Quadripartita Ratio

Dibujar un león en una roca nos lleva a la siguiente reflexión: Dos cosas iguales (dos leones, uno dibujado y otro vivo) tienen cosas distintas y cosas iguales. Llamaremos a esas cosas distintas de las cosas iguales diferencias, y a las cosas iguales de las cosas iguales semejanzas. Las cosas que son diferencias o semejanzas se llaman partes. Las cosas que no son diferencias ni semejanzas se llaman todo. Un león es un todo. Una roca es un todo. Un león y una roca no son semejantes ni diferentes pero tienen unas partes iguales y otras diferentes, y esas partes sí se pueden comparar, e incluso modificar, para que la roca nos recuerde al león.

La Quadripartita Ratio son los cuatro modos en que se puede dar un cambio. Hay cuatro maneras de modificar algo: adiectio (adición), detractio (sustracción), transmutatio (transposición) e inmutatio (sustitución) de alguna de sus partes:

-Adiectio:

 

Producimos un cambio por adiectio cuando resaltamos las similitudes añadiendo partes para formar el todo

 

 

-Detractio:

Producimos un cambio por detractio cuando resaltamos las similitudes sustrayendo partes para formar el todo

 

Transmutatio:

 

Producimos un cambio por transmutatio cuando resaltamos las similitudes cambiando el orden de las partes para formar el todo

 

 

Inmutatio:

 

Producimos un cambio por Inmutatio cuando resaltamos las similitudes sustituyendo alguna de las partes para formar el todo

 

Lo que produce esta modificación de las partes es una variación en las proporciones. El león se puede dibujar en la roca resaltando mediante la Quadripartita Ratio las semejanzas (sugeridas por las sombras de la hoguera) entre roca y león, pero el león y la roca serán dos cosas porque aún existirán diferencias entre ellos. En cambio, una piedra y una punta de lanza tienen diferencias y similitudes, pero mediante Quadripartita Ratio podemos resaltar tanto las semejanzas que lleguemos a anular las diferencias, por lo que habremos convertido la piedra en punta de lanza. Cuando no existen diferencias y sólo hay similitudes entre dos cosas se establece entre ellas una relación de identidad. La piedra y la punta de lanza son una misma cosa: son idénticas.

Identidad y copia, similitud y variación, diferencia y cambio, todo y parte son los elementos con los que trabaja la memoria, desde la memoria natural de los animales a las memorias informáticas actuales, pasando por la memoria genética en la que, por medios puramente biológicos, se transcribe el código genético del ADN en el núcleo de cada célula para su duplicación. Así que el ser humano tiene en la Quadripartita Ratio los elementos necesarios para imitar artificialmente el funcionamiento de la memoria natural.

En lo visto hasta ahora, la Quadripartita Ratio permite la comunicación de experiencia entre dos individuos en una suerte de primitiva memoria artificial, pero habíamos dicho antes que la razón era la capacidad que tiene el hombre de contar cosas. Para narrar necesitamos nombrar las cosas, para calcular necesitamos numerarlas. Está claro que la Quadripartita Ratio ayuda por sí misma en el cálculo de las cantidades (por adiectio y detractio) y de las proporciones (por transmutatio e inmutatio), pero un número es otra cosa: representa una cantidad exacta, del mismo modo que un nombre representa una realidad concreta. Así que no se puede decir aún que la memoria artificial que permite la Quadripartita Ratio sea un lenguaje, como no podemos decir que al emplearla estemos empleando la razón (διάνοια) sino únicamente la inteligencia (νοῦς), por lo que quizá en este estadio debiéramos llamarla mejor Quadripartita Intelligentia. Algo más tendría que ocurrir para que nuestros antepasados homínidos empezaran a usar la razón: la adquisición de nombres, números pero, sobre todo, la capacidad de operar con ellos. Sólo entonces la Quadripartita Ratio podrá ser llamada Ratio con propiedad, y sólo entonces tendremos ante nosotros a un animal racional, es decir, a un hombre. Pero entonces ¿qué eran aquellos homínidos que dibujaban en las paredes? Si aún no eran hombres, eso significa que el νοῦς, lo que conocemos como inteligencia, no es patrimonio exclusivo del ser humano. De hecho, la famosa definición aristotélica que empleábamos al principio del hombre como animal racional es, en el griego original: ζῷον λόγον ἔχον, lo que literalmente significa: animal que usa el lenguaje. Así que no es la inteligencia, sino la razón la que nos distingue de los animales. Y la inteligencia artificial, incluso la de otras especies animales, pueden crear lo que los lingüistas llaman prelenguajes valiéndose de su inteligencia, pero sólo el ser humano ha sido hasta hoy capaz de dar el salto de la Quadripartita Intelligentia a la Quadripartita Ratio.

 

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